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Malagón. JESÚS RESUCITADO Y MARÍA DE LA ALEGRÍA SE ENCUENTRAN POR ÚLTIMA VEZ EN UNA PROCESIÓN PARA EL RECUERDO.

JESÚS RESUCITADO Y MARÍA DE LA ALEGRÍA SE ENCUENTRAN POR ÚLTIMA VEZ EN UNA PROCESIÓN PARA EL RECUERDO.

La mañana del Domingo de Resurrección en Malagón no ha sido una más entre tantas: Desde su comienzo se ha convertido en un latido compartido, un susurro eterno que quedará prendido en las retinas y en el alma de cada vecino y vecina de Malagón como un eco de fe que se niega a apagarse.

Las calles han despertado repletas de júbilo, como si la propia primavera hubiera decidido derramarse sobre cada rincón de nuestro pueblo.

Bajo un cielo limpio y un sol generoso, con una temperatura que parecía hecha a medida del milagro que parecía que iba a suceder, la emoción comenzó a brotar cuando, apenas pasados unos minutos del mediodía, las imágenes sagradas iniciaron su caminar. ☀️

Jesús Resucitado, dirigido por el capataz Francisco Pozo, abrió el cortejo con su porte majestuoso, luciendo su túnica blanca y roja, alzando un dedo al cielo saludando a la vida y dejando atrás la vencida muerte.

Desde la parroquia de Santa María Magdalena, un año más, su salida fue abrazada por los acordes triunfales de la Banda de Jesús Nazareno de Campo de Criptana, que envolvieron el aire de solemnidad y victoria.

En la comitiva procesional caminaba el párroco de la UAP de Malagón, Don Amós Rodríguez de Tembleque, acompañado de Adrián Fernández Herguido, alcalde de Malagón y varios concejales de la Corporación Municipal.

No tardó en aparecer la Virgen de la Alegría, serena y luminosa, mecida por las notas de la Unión Musical de Valdepeñas. Bajo la experta guía de Carlos Cuerva, sus costaleros la elevaron con esa elegancia que solo conceden los años y el amor al costal, haciendo que cada movimiento fuese una oración silenciosa.

Tras Ella, avanzaban el concejal de Cultura y tradiciones populares, Afrodisio Santos Santos, junto a otros miembros de la Corporación Municipal, en una estampa donde lo institucional y lo devocional caminaban de la mano.

Como viene siendo habitual, cada imagen recorrió su propio camino, como si el destino quisiera alargar el anhelo del encuentro, hasta confluir en la Calle Ancha. Allí, entre música y suspiros, entre miles de miradas contenidas y corazones acelerados, María y el Hijo de Dios se buscaron… y se encontraron.

Sus tronos danzaron, se acercaron hasta casi rozarse, creando un instante imposible de describir, donde lo religioso y lo festivo se fundieron en una emoción desbordante.

Antes de ese momento sagrado, se unió a la comitiva el párroco de la UAP de Malagón, Don Óscar Palomo, que no quiso perderse un acto convertido ya en emblema de la Semana Santa local, capaz de llenar hasta el último rincón de los aledaños de la Calle Ancha. ⛪

Concluida la ceremonia, la procesión emprendió su regreso hacia la parroquia de Santa María Magdalena, dejando a su paso una estela de belleza: pétalos cayendo como lluvia de ternura en las calles Olivo e Iglesia y la voz desgarrada y hermosa de María Pérez, que elevó una saeta capaz de detener el tiempo.

Así, con el corazón aún estremecido, Malagón cerró su Semana Santa. Y no fue un final, sino un recuerdo eterno que seguirá latiendo, año tras año, en la memoria de su gente. ✨

¡Viva la Semana Santa de Malagón!

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