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Daimiel. La historia se repite cien años después

Un siglo después de la pandemia global provocada por la conocida como Gripe Española, el mundo vuelve a enfrentarse de nuevo a un enemigo invisible y mortal, el coronavirus Covid-19. Al igual que ocurre en la actualidad, Daimiel se vio afectado entonces. La pandemia de gripe de 1918-1919, impactó de forma importante sobre la población local, “afectando la estructura productiva, de ocio o de servicios, en unos niveles difíciles de cuantificar”. Son las conclusiones del estudio realizado por el Doctor en Historia por la Universidad de Castilla-La Mancha, Mariano José García-Consuegra, sobre la incidencia de la enfermedad en Daimiel.

El trabajo divulgado en la segunda edición de las Jornadas de Historia que revela, en primer lugar que, a diferencia del Covid-19, el virus afectó de forma especial a los adultos jóvenes de entre 15 a 40 años, a priori, inmunológicamente mejor preparados. Además, la epidemia de gripe surgió en un contexto caracterizado por la presencia habitual de enfermedades infecciosas como la viruela, difteria o sarampión, que generaban altas cifras de muertes entre una población que, además, se mostraba reticente a aceptar prácticas sanitarias como la vacunación.

La movilidad internacional de individuos y mercancías, al igual que en el contexto actual, favoreció la llegada a la provincia de una enfermedad que, si bien en una primera oleada generó un impacto reducido, registró en la segunda, a nivel global, un “dramático incremento del número de enfermos y del de fallecidos”, durante los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2018.

En Daimiel, únicamente en septiembre y octubre, “la mortalidad por causa de gripe y otras patologías respiratorias alcanzaba un tercio de la mortalidad anual cuando en ocasiones normales no hubieran excedido de una sexta parte”, reza el trabajo. Frente a una tasa de mortalidad en la provincia del 26%, en la localidad se llegó en 1918 al 36,6%. El hecho de que en 1920 esta tasa se incrementara incluso más, hasta llegar al 37,4%, pone de manifiesto según el estudio “el carácter endémico que muchas enfermedades tenían en la localidad y que favoreció la aparición del tercer, cuarto e incluso de un posible quinto brote que enlazaba la presencia del virus de la gripe A (H1N1) -responsable de la pandemia de 1918-, con otras cepas menos agresivas de las crisis gripales estacionales.”

También entonces el número de enfermos desbordó la capacidad de trabajo de los médicos. Los farmacéuticos por su parte “sufrían trastornos relacionados con las facturas que les adeudaba la hacienda local que, unido a las limitadas reservas de medicamentos, conducía a que los escasos preparados se agotasen vertiginosamente surgiendo entonces problemas de desabastecimiento”. Escasez que afectó asimismo a los alimentos básicos, lo que provocó el aumento de su precio, llegando a plantearse la incautación de algunos productos para garantizar su acceso a los enfermos.

Como indica el estudio de García Consuegra, “la ignorancia higiénico-sanitaria era uno de los más visibles exponentes de la miseria económica y educativa que reinaba entre las clases populares” de Daimiel en aquellos tiempos. Esta circunstancia, unida a “las pésimas condiciones de la higiene pública y privada tuvieron mucho que ver con las cifras de morbilidad y mortalidad de un virus gripal que no atacaba con la misma intensidad a todos los individuos. “La pobreza en connivencia con el hambre limitaba los recursos biológicos para poder enfrentarse con mínimas garantías de éxito a cualquier patología; por no mencionar el acceso a los medicamentos que no siempre estaba amparado por la beneficencia municipal y que, como cualquier otro producto, estaba sometido a las leyes de oferta y demanda de los mercados”, indica el trabajo.

Esta situación se vio agravada, si cabe, por “la incapacidad de los responsables políticos y sanitarios para minimizar los efectos de una amenaza que ponía una vez más al descubierto las carencias de un estado caciquil y la falta total de previsión para proteger a un pueblo en permanente estado de crisis, especialmente agónica en los sectores más débiles e indefensos”, precisa el autor.

Aún así, cabe reseñar “la impresionante capacidad de respuesta de esta sociedad maltratada económica y sanitariamente”, que registró un ascenso de la natalidad en 1919 de 44,8‰ (6 puntos más que el año anterior), comenzando un nuevo ciclo de recuperación demográfica. A la par, “la reducción de la mortalidad infantil y el aumento de la esperanza de vida se tradujeron en la disminución de la mortalidad general y de la natalidad lo que supuso el inicio de un largo camino hacia la modernidad demográfica que culminó ya en las décadas finales del siglo XX”. Una luz al final del túnel donde habrá que confiar en que pronto se vea reflejada en la pandemia actual.

 

(Imagen Lanza Digital)

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