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Los vendedores ambulantes valoran la gestión del Ayuntamiento de Daimiel frente a una normativa regional que ven discriminatoria

Las medidas adoptadas por el Ayuntamiento de Daimiel, ampliando la superficie del Mercadillo municipal para garantizar las distancias de seguridad entre los puestos, han permitido que este martes los comerciantes ambulantes puedan seguir trabajando cumpliendo con las medidas sanitarias que se incluyen en el nivel 2. Un esfuerzo que éstos valoran y agradecen en comparación con la discriminación general que sienten en otros municipios donde iban a vender y donde no se le ha dado alternativas a una normativa regional que, consideran, se ensaña con ellos.  

Es lo que dice Paqui Sánchez, que lleva 40 años vendiendo ropa de cama en Daimiel. Esta veterana del mercadillo destaca la empatía del Ayuntamiento. “Es uno de los pocos pueblos donde nos ayudan y nos ven como comercio”. Paqui resalta que se cumplen todas las medidas y que los aforos no se superan en ningún momento porque “hay menos afluencia” de gente. “Se guardan las distancias, todos llevamos las mascarillas y los clientes está concienciados, aquí nadie toca nada de género sin que se pongan o les eche yo el gel”, cuenta.

Y lo que no puede entender es que, si la OMS recomienda las actividades al aire libre, el comercio ambulante tenga más restricciones de aforo que el comercio de interior. “Se están ensañando con nosotros, estamos discriminados y pagamos igual nuestros impuestos”, subraya.

Entre su puesto y el de al lado hay “una distancia de tres metros y seis con el de enfrente”. Se cumple estrictamente con la normativa, insiste. Y también tiene claro que, si algún compañero la infringe, hay que sancionarle. Pero se rebela a que “paguemos justos por pecadores” cuando, repite, “el comercio a la intemperie es el más seguro”.

MERCADILLO

En estos momentos, Paqui solo puede trabajar cada semana en Daimiel y desde este lunes, dos veces al mes en Alcázar de San Juan. Una situación “insostenible” para cualquier autónomo y la misma que sufre Salva, que tiene un puesto de zapatos al lado y se suma a la conversación. “Yo tengo Daimiel y Villacañas. Estoy como Paqui solo trabajo dos días cada dos semanas. A ver a que comercio se le dice que usted puede abrir hoy y no puede volver a abrir hasta dentro de quince días. Es una injusticia. Sentimos una incomprensión absoluta desde Sanidad”, recalca.

Para Salva, que empezó vender zapatos en un mercadillo con 18 años y ya roza los 50, este agravio es más evidente cuando se compara con la hostelería, a la que se le permite aforos más amplios en las terrazas que en sus locales. Y llama la atención sobre otro aspecto aprobado por unanimidad por el Consejo Interterritorial de Sanidad el pasado 22 de octubre. En ese documento se apostaba por mantener abiertos los mercadillos en fase 1, 2 y 3, “y por el momento Castilla-La Mancha no ha trasladado este acuerdo a su normativa anticovid y bien ordenan su cierre o ponen limitaciones drásticas”. En este punto, ponía el ejemplo de Ciudad Real capital que “solo permite en su mercadillo la venta de alimentación, plantas y droguería, a nosotros no nos dejan”.

Por estos motivos, también valoraba el trabajo del Ayuntamiento de Daimiel que “ha demostrado que con una buena gestión se puede apoyar al comercio ambulante”, y que además permite “a los ciudadanos que puedan elegir donde comprar”.

En el aire queda la duda de cuánto tiempo pueden resistir esta situación. “Dependerá de las espaldas de cada uno, pero ya muchos no tienen ni hombros”, resume gráficamente. Y advierte, no se trata de una presión para pedir ayudas o subvenciones, “solo queremos ejercer nuestro derecho a trabajar, no pedimos nada más”.

Estas mismas conversaciones se han repetido en la visita que el funcionario responsable del Mercado, Julián Díaz de Campo, ha realizado este martes a los puestos. Acompañado por dos agentes de la Policía Local, se ha comprobado el cumplimiento de la normativa, y se ha advertido a aquellos comerciantes que “no tenían mucho orden en su ropa” que la debían colocar mejor para evitar aglomeraciones, o si no, se les cerraría el puesto. Una cuestión puntual ya que la voluntad general de comerciantes, clientes y Ayuntamiento de Daimiel es garantizar la seguridad de uno de los pocos mercadillos que funcionan ahora mismo en toda la provincia.

MERCADILLO

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